Por favor, desactiva tu adblock para ayudarnos a mantener el sitio. ¡Gracias!
Si inicias sesión con tu cuenta de Twitch y estas suscrito no verás estos anuncios.
Elfo y humano. Madre y padre. Oscuridad y Luz. La división ha definido la vida de Arator; aceptar esta dualidad le ha dado un propósito.
Perfil de personaje: Arator Brisaveloz, «el Redentor»
Arator Brisaveloz posee el corazón persistente de alguien que ha nacido en una familia marcada por el sacrificio. Es un medio elfo, hijo de dos de los más grandes héroes de Azeroth, que se crio alejado de ellos. La pérdida moldeó a Arator, quien, fortalecido por la fe, siguió adelante, dispuesto a lograr un futuro esperanzador. Un futuro bien diferente a la aflicción que había marcado su etapa más temprana.
El amado hijo de la capitana forestal Alleria Brisaveloz y el alto general Turalyon llegó al mundo pocos meses antes de que sus padres desaparecieran en una misión condenada al fracaso, más allá del demoníaco Portal Oscuro. El pequeño quedó encomendado a los cuidados de su tía Vereesa Brisaveloz, quien lo crio con ternura, consciente del peso de su ascendencia y del legado con el que cargaba.
Aunque Arator jamás llegó a conocerlos, solía ir al Valle de los Héroes de la Ciudad de Ventormenta, donde se levantaban las estatuas de Alleria y Turalyon como homenaje a su gran sacrificio. En aquellos reservados peregrinajes, el pequeño solitario aprendió a quererlos a pesar de su dolorosa ausencia constante.
Arator continuó el camino de su legendario linaje y terminó por seguir el que había allanado su padre como uno de los primeros paladines sagrados de la humanidad. Con su servicio en la Orden de la Mano de Plata se ganó el título de «el Redentor», aunque sin descubrir aún la profecía entretejida en su interior.
Cuando el Portal Oscuro se reabrió de pronto y se le presentó la oportunidad de buscar a sus padres, Arator no titubeó. El paladín ofreció su espada a los Hijos de Lothar y asumió su causa igual que habían hecho sus padres en el pasado, tanto para honrarlos como para acercarse más a la verdad de su suerte.
Años después, cuando la demoníaca Legión Ardiente invadió Azeroth por última vez, Arator demostró no ser solo un buscador de la verdad pasada, sino un campeón del presente. Abordó todas las pruebas que se le presentaban con determinación inquebrantable, luchando junto a sus compañeros de la Mano de Plata y ayudando al gran Ejército de la Luz a poner fin a la insaciable amenaza de la Legión de una vez por todas.
Con cada dificultad y cada calvario, se iba acercando al reencuentro que tanto ansiaba. Sin embargo, la dicha de volver a ver a sus padres, por los que se había sacrificado durante décadas, era frágil. El pequeño al que los padres habían dejado atrás se había convertido en un hombre adulto. Convencidos de que el amor puede superar el tiempo perdido aunque una familia no se pueda volver a formar en un día, juraron seguir adelante unidos. Sin importar la incertidumbre del camino que se abría ante ellos.
Durante los años siguientes, Arator consiguió numerosos aliados y continuó sirviendo a la Mano de Plata con honores. A pesar de ello, los lazos familiares que tanto ansiaba se complicaban más que nunca. Su familia, reunida pero distante, continuó empujada por el deber hacia diferentes metas. Pero, por mucho que el destino los lleve por caminos diferentes, Arator sigue sirviendo como silenciosa ancla para sus progenitores. Y así, su corazón sigue resistiendo, aferrado a la esperanza de que algún día se conviertan en la familia que el deber les ha impedido ser.
«Soy mucho más que la suma de mis partes. No soy la mitad de nada. Me siento completo».
Fuente: BLIZZ